He de reconocer que mis tatuajes son pequeños, anodinos, y sin muchas pretensiones, algo así como apocados y ligeramente cutres. La primera vez que me hice uno tenia unos 17 años, y en esa época los únicos que llevaban tatuajes eran los hippies de alta alcurnia, los punks de baja estofa, drogadictos y expresidiarios, y claro, el pijillo de turno que como de costumbre se le había ido la flapa. Fue todo como de golpe: perder la virginidad a manos de una ninfómana cerca de la esquina de Caspe con Paseo de Gracia, hacerme un agujero en la oreja y ponerme un brillante, y tatuarme la piel. No exageraré si creo que todo pasó entre un viernes por la tarde y un lunes por la mañana de finales de agosto, cuando aún retumbaban en mis oídos los últimos acordes de alguna canción salsichera de las fiestas de Sants, y alguna desconocida me echaba de su cama con la famosa frase “ pero tu que edad tienes niñato…”. Debía de tener a esas alturas el hígado suficientemente maltratado como para empezar un recorrido en mi Derbi Variant por la Barcelona de finales de los 80, y aguantar hasta el lunes por la mañana, con los restos que quedaron de la precipitada venta de la moto de mi padre: un casco Ceebe y un pañuelo rojo que aun conservo, pese a los agujeros.
Volviendo a los tatuajes, la verdad es que hemos pasado del “te quiero Maria” a los ideogramas Japoneses con una facilidad tremenda. Tribales de mierda de codo a espalda, delfines y pisadas de perro dirección pubis con todo lo que puede suponer de extraño pensar que alguien tiene un delfín o un perro allí abajo, algún que otro freak que se tatúa el código de barras de una lata de atun en la nuca, o algún gótico con gárgolas en el hombro o la punta e la polla indistintamente, o, comunicadamente (que también lo conozco). Al fin y al cabo lo de los tatuajes es libre, pero….siempre hay que respetar varias reglas para que funcione: la primera es tatuarse a ser posible en algún sitio donde no lo tengas que ver muy a menudo, la segunda es tatuarse donde te sea difícil de ver que alguien lo esta mirando, la tercera es que tenga solución y en caso de no, de que no sea muy horrible. (rollo: “te quiero Maria” a los dieciséis cuando aún no puedes estar seguro o segura que Maria no es el fin de tus poluciones nocturnas).
El problema de hoy en día es la nueva moda de los tatuajes frase. Es una moda altamente peligrosa, tanto para quien la lleva a cabo como para quien tiene que soportarla. Además y sin que sea un axioma, el problema se agrava con la edad y en el lado masculino como víctima. Con mis 40 cumplidos y mis vacaciones en Mallorca o mi afición a la natación en el Poliesportiu de Alella al que reivindico como nombre Poli Esportiu Andreu Francisco, las frases que se tatúan las mujeres (pongo mujeres porque tengo una tendencia natural a ellas) son difíciles de leer. Me he visto sorprendido más de una vez a menos de un palmo del pecho, nuca, nalga o pubis de alguien, intentando de entreleer lo que se había escrito en la piel, por y para siempre. Hay chicas que lo entienden, es verdad, y que sin problemas dejan que me acerque para leer sus escritos postereos y pueda comprobar que no haya ninguna falta de ortografía, pero a veces y de una manera incomprensible, sus novios, maromos, macarras o maridos, me echan a patadas y a empujones, hasta cuando pido a sus mujeres que se levanten la nalga o el pecho puesto que la irremediable gravedad ya ha tapado la frase que tuvieron a bien de tatuarse, porque ya lo decía Serrat y yo lo completo, a parte de la verdad (y la gravedad), el resto tiene solución. Entiendo , claro que si alguien se tatúa una frase en la piel, es para que alguien otro, cualquiera la lea, y me pregunto pues porque alguien se ofende si me acerco para hacerlo más detenidamente.
He detectado frases preciosas como “you are my Little Sparrow” que pueden servir para varios, o “sempre fidelis” leïda esta en el torso de uno de los puteros más grandes que he conocido. En Naha, al sur de Japón, los tatuadores tatúan con ideogramas a pobres marines americanos, frases como “tengo los huevos en la nevera” o “ la tengo tan pequeña que tuve que tatuarme aquí”.
Yo sinceramente no he pasado de Cala Agulla en Mallorca justo antes de recibir algún calvot, o del Poliesportiu Andreu Francisco, probando de leer alguna de estas frases tan frescas o ingeniosas, como: “me gusta la primavera”, “no leas, tócame”, o alguna que otra absurdidad de este tipo.
Desde mi blog os pregunto: que os gustaría tatuaros, y cual es el tatuaje más absurdo que habéis visto?
Os dejo de todas maneras un link a una página de tatuajes para pasar el rato de este domingo.
http://www.skitcafe.com/tatuajes-para-mujeres-tatuaje-pistolas-cerca-vagina/
Me he quedado basicamente asqueado con el tema.
Descobriu-ne més des de Mis Bitàcoras.
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