Las primeras veces

Es el año de las primeras veces, y tampoco es un año natural, natural sería más un año agrario de cooperativa, de esos que empiezan en Julio y terminan en junio.

Me ha gustado conducir por primera vez con mi hijo, bueno, conducia él y yo acumulo dosis de estrés. No os diré que no tengo un miedo animal a dejarme llevar por él al volante, pero ser pasajero de un taxi en shanghai no és mucho peor y lo he superado. Ha sido la primera vez que me he tenido que organizar con tuppers, pisos de estudiante, y mil cosas que para mí no eran una rutina, pero tampoco un páramo desconocido, si para él. Pero no és lo mismo saber dónde pisas que pisar.

Las primeras veces para muchísimas cosas sería el resumen de este 2022-2023. Pero claro, han sido tantas y tan juntas y tan de golpe que uno se siente abrumado. ¿A quién se lo cuento? Y entonces te embarga una gran sensación de soledad que junta en el mismo puño que cierras de golpe, tristeza, entereza, y determinación. ¿Porque tristeza? porque al fin y al cabo por muy malo o bueno que sea tu mundo, siempre es triste dejarlo. ¿Porque entereza? Porque la necesitas siempre que no eres capaz ni sabes ni quieres ni puedes explicar al resto del mundo que estas embarcado en una nave sin bitácora fija. Determinación, porque estas solo.

Ha sido la primera vez de tantas cosas, que ahora, casi pasado un año me parecen todo recuerdos que podré guardar. Los últimos, el pavor de subirme a un coche o el darme cuenta de que llevar a Vio a un concierto como el de ayer, ¿fue la peor decisión de mi vida… pero claro como lo evitas?

Mi primer gran concierto fue en Glasgow hace… demasiados años. Tampoco era tan joven como mi hija, pero tampoco me acompañó mi padre, quien en esa época y ahora esos tipos como yo, tatuados y pendencieros, le parecían un peligro público. De facto, los Gallagher son un peligro público. Ayer, en el primer concierto de Vio decidí cambiar de sitio y pasarme el recital de ColdPlay bailando lejos de ella: ¿para qué dejarle el recuerdo de su padre flipando solo con los reyes del POP? Un poco lo mismo que cuando voy en el asiento de al lado de Max y el conduce. Cierro los ojos y pienso: ¿qué mejor que morir cerca del hijo al que tanto quieres? Conduce bien, pero tengo alma de taxista.

Este año es esto: es el año de las primeras veces, y quizás también el de las segundas oportunidades, sentimientos que no creías renacen súbitamente en ti. Uno se cierra a muchas cosas, pero la vida es lista y nos propone mundos que, si eres mínimamente inteligente, no puedes negar. Y en eso estas cuando de golpe la realidad te arrasa o simplemente es una caricia o una mirada, la vida es todo lo que pasa cuando tú no te fijas cuando tendrías que estar fijándote. De eso se trata, de estar y no pasar, de estar.

Volver en moto de un concierto, su primera vez, a medianoche, con tu hija preferida, y votar esta mañana, por primera vez con tu hijo, en unas elecciones, y sentarte en un coche y ampararte a la virgen, y hacer macarrones para todos, y para muchos días, y ver como crecen, y quererlos , y que te besen, y que te echen de menos, y enamorarte como si fuera la primera vez de ellos. Y echarlos de menos, y volver a los macarrones, y saber que mueres por ellos, y que ellos mueren por ti, y que te quieren, y que hay que ser duro sin ser áspero y que tienes mil roles que jugar.

De eso se trata, de las primeras veces, de estar preparado para que siempre sepa como si fuera la primera vez, de que de golpe la mirada de tu hija te lleve a tus dieciséis o de que simplemente tu hijo te lleve de aquí para allá cuando no te hace falta.

Ayer el concierto acababa con eso: “cree en el amor”, y yo creo en esto, en el amor, en las segundas oportunidades, en creer, en las cosas que conoces pero que saben a nuevo.

En todas y cada una de las sonrisas y cariño que alguien este dispuesto a ofrecer, o a recibir solo porque si, porque lo pide la vida, el cuerpo y el destino.


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